|
LA MESA DE LOS ASESINOS
Me he sentado a su mesa, he comido su pan, he bebido
su vino,
y no vi diferencia entre mi ojo helado y sus ojos,
entre mi párpado feroz y los suyos,
entre sus manos capaces de bajar un puñal sobre el
corazón
y mi mano incapaz de detenerlo, de volverlo a clavar.
Horacio Castillo
|